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Wenceslao Fernández Flórez y el cine

TEXTO DE ALICIA MERIÑO ESPUELAS (EL BOSQUE ANIMADO EDICIÓN FUNDACIÓN WELLINGTON)

wff«... Gran escritor, sin duda el que más, entre los españoles, que ha amado la labor creadora de las películas y participado en ella.» Asi comenzaba Carlos Fernández, Cuenca, en un artículo dedicado a Fernández Flórez y a su contribución creativa al mundo de la gran pantalla. En él se lamentaba del escaso numero de escritores de posguerra que apostaran por el cine, y ensalzaba la figura de Wenceslao, quien, lejos de vivir, como hicieran otros muchos novelistas de la época, «de espaldas a su tiempo», había consagrado una parte importante de su trabajo al cine. Fernández Cuenca, ilustre historiador del cinematógrafo, señalaba, en estos términos, la amplia participación del escritor gallego en el recién estrenado universo de la imagen: «Doce títulos de películas..., añádanse un argumento inédito, otro que apenas paso del propósito y dos próximas adaptaciones...» Sin embargo, este número de trabajos fue, años después, superado con creces. 

La variada contribución de Wenceslao Fernández Flórez al mundo del cine demuestra su interés por todo lo concerniente a ese nuevo arte que, en la España de aquel tiempo, era aún muy incipiente. Escribió crítica y comentarios cinematográficos, ejerció la censura desde la Junta de Clasificación de Películas (en representación de la Real Academia Española), elaboró argumentos originales, adaptó obras propias para el cine, tradujo y ajustó para el doblaje diálogos de películas extranjeras e incluso llegó a aparecer esporádicamente en la pantalla, además de ser el autor de numerosos relatos que, hasta el año 2001, han ido exponiéndose a la mirada cinematográfica de los espectadores de varias generaciones.

Así, pues, la relación de Wenceslao Fernández Flórez y su obra con el séptimo arte es un apéndice más de la múltiple creación de este polifacético autor, que, tras los hermanos Alvarez Quintero y Arniches, es el escritor español que en más ocasiones ha sido llevado al cine.

En 1930, en su novela "Los que no fuimos a la guerra" hablaba por medio de uno de sus personajes, dando a entender lo que él mismo opinaba sobre el cine, «esa barata morfina de nuestro tiempo», y aludiendo, sin duda, a la capacidad de fascinación de la gran pantalla y a la adicción que la imágen animada podía provocar en el espectador como nueva forma narrativa. Quizá Fernández Flórez fue uno de los adelantados a su tiempo y supo ver, antes que otros, la fuerza que apuntaba en aquella primitiva cultura visual, o quizá también tuvo la intuición de las posibilidades cinematográficas que ofrecían sus relatos; en todo caso, su prolifica aportación al desarrollo del cine español es indiscutible.

No entraremos en la explicación ideológica ni histórica del éxito cosechado por las adaptaciones de sus obras pero sí insistiremos en el hecho de que, si sus relatos escritos eran leídos con avidez y entusiasmo popular, sus novelas llevadas al cine fueron acogidas, salvo excepciones, con el mismo entusiasmo, porque los espectadores, al igual que los lectores, se identificaban fácilnente con la realidad recreada en sus historias.

Hacia 1926, Wenceslao Fernández Flórez es un célebre personaje al que, además, se relaciona, por un cierto parecido físico, con el actor norteamericano Adolphe Menjou; disfruta de esa semejanza e incluso se deja fotografiar imitando algunas actitudes de este famoso astro del celulode. Francisco Gómez Hidalgo rodaba por entonces "La malcasada" y le ofrece, junto a un buen numero de personjes públicos de la sociedad del momento, participar en la película. Este es el primer contacto directo de nuestro escritor con el cine, al que ya no abandonará nunca.

La malcasada se estrenó en Madrid, en el Teatro del Centro, el 10 de enero de 1927. Su argumento trataba de la tópica historia conyugal entre una gran actriz y un torero, protagonizados respectivamente por María Banquer y José Nieto. Pero el interés residía en que la trama estaba organizada con la finalidad de dar cabida a la intervención episódica de las figuras españolas más populares de entonces. Y así, este film, que tiene algo de crónica periodística e histórica, recogió la imagen de personajes de la vida real como el pintor Julio Romero de Torres, el escritor Ramón del Válle-Inclán, el ex ministro Natalio Rivas, el tenor Miguel Fleta, el general Franco —«el general más joven de España», como indicaba el letrero correspondiente, habitual en el cine mudo— y, por supuesto, entre otros muchos más, Wenceslao Fernández Flórez, que aparecía jugando una partida de cartas.

Tras este, digamos, primer coqueteo divertido con el cine, en el que Wenceslao juega a ser actor, da comienzo su aproximación creativa a la gran pantalla.

En 1927, Juan de Orduña, el conocido galán del cine mudo español, le pide un guión original para su primera experiencia de dirección; su elaboración se sitúa cronológicamente entre dos de sus novelas,las siete columnas (1926) y Relato inmoral (1927), y llevará por título Una aventura de cine. De este modo, Fernandez Florez se convierte en uno de los primeros autores españoles que escribe expresamente para el séptimo arte.

Una aventura de cine se estrenó en Madrid, en el Palacio de la Música, el 16 de marzo de 1928. Dirigida por el citado Juan de Orduña, en el reparto figuraban Elisa Ruiz Romero, Juan de Orduña (actor, además de director), Aurora Ruiz Romero, Alfonso Orozco, José Gimeno, Antonio P. Camacho y Fernando Roldan. Su argumento original, típico de la comedia que el cine norteamericano producia por entonces, se publicó en los tres primeros números de la revista Pantalla, fundada y dirigida por Antonio Barbero.1935-El-malvado-Carabel-Edgar-Neville-2

En 1933 el argentino Richard Harlan dirige una de las primeras producciones del cine sonoro español, titulada Odio», con adaptación de Fernández Flórez. No obstante, como indica José Lozano Maneiro, «resulto un producto aburrido y lento que pasó sin pena ni gloria».

Ocho años después de la elaboración del argumento para Una aventura de cine, será el gran Edgar Neville quien, en adapte, por primera vez para el celuloide, una novela de Wenceslao, El malvado Carabel, que había sido publicada en 1931 y acogida con gran entusiasmo por sus lectores. La película, dirigida también por Edgar Neville y con el mismo título de El malvado Carabel se estrenó en Madrid, en el cine Callao, el 9 de diciembre de 1935-; protagonizada con verdadero acierto por Antonio Vico, contaba con actores como Antoñita Colomé, Francisco Alarcón, Alejandro NoUa, AmaliaSánchez Ariño, Cándida Losada o Juan Torres Roca. Se suprimieron del guión los momentos más divertidos de la novela, y se exaltaron con especial interés los valores humanos del personaje principal, Amaro Carabel, pero el final de la película quedó distorsionado por deseo expreso del productor, Saturnino Ulargui, quien impuso la última secuencia —un baile en el hotel Palace—, que nada tenía que ver con el relato original.

Tras el paréntesis que en todos los ámbitos creativos supuso la Guerra Civil, la participación de Fernández Flórez en el mundo cinematográfico será mucho más considerable y asidua.

En 1941, Rafael Gil adapta para el cine una de las narraciones breves más célebres del escritor gallego. Unos pasos de mujer, publicada en 1914 en La Novela de Hoy. Dirigida por Eusebio Fernández Ardavín, que contaba, entre otros, con Rafael Gil como ayudante de dirección y autor del guión. Unos pasos de mujer fue estrenada en el cine Capítol de Madrid el 26 de enero de I942. En el reparto figuraban Lina Yegros, Fernando Fernández de Córdoba y Raúl Rod. La acción se situó en una aldea de pescadores, prescindiéndose del ambiente minero en el que se desarrollaba el relato original; este cambio de escenario se debió a que un año antes se había rodado, con gran éxito posterior, la versión cinematográfica de Marianela, de Galdós, dirigida por Benito Perojo, con espléndidas imágenes de un poblado minero, y el productor Cesáreo González no quiso arriesgarse a que el público pudiera pensar en una repetición o copia escénica de la reciente Marianela. Parece ser que la ubicación del protagonista, Fausto Ariza, a orillas del mar no agradó ni a Fernández Flórezni al guionista Rafael Gil, convencidos ambos de que esa alteración afectaba a la esencia del drama.bigtmp 28089

Meses después, en el mismo año de 1942 Rafael Gil iniciaría su carrera cinematográfica como director con otro relato breve de Wenceslao Fernández Flórez y El hombre que se quiso matar publicado en 1919 en La Novela de Hoy. La adaptación, el guión y los diálogos corrieron a cargo de Luis Lucia Mingarro, sin que el escritor participara en ninguna de esas tareas, como venía ocurriendo en las anteriores películas. En todo caso, se acabó mostrando muy satisfecho por el resultado final de esta cinta, que incluía un episodio nuevo para la ocasión, salpimentado con un divertido humor negro. El hombre quese quiso matar se estrenó en Madrid, en el cine Avenida, el 16 de febrero de 1942. El reparto contaba con Antonio Casal, Rosita Yarza, Manuel Arbó, José Prada y muchos actores más, dado el elevado número de personajes de la historia.

A finales de 1941, da comienzo la participación activa de Fernández Flórez en las tareas cinematográficas de adaptación de sus obras para la gran pantalla. Tanto el actor Antonio Casal como el director Rafael Gil habían llevado a cabo en El hombre que se quiso matar un trabajo excelente que se había ganado el beneplácito del escritor. Por eso, quizá, cuando Rafael Gil lo llama para que colabore llevando a cabo la adaptación de su relato breve Huella de luz, publicado en 1914, también en La novela de Hoy , no sólo acepta de buen grado, sino que se crea entre ambos una extraordinaria complicidad que perdurara a lo largo de los años. Fernandez Flórez escribe nuevas escenas y da vida a nuevos personajes en el guión literario, que Rafael Gil reelabora como guión técnico definitivo. El resultado de la película fue magnífico, y su éxito, rotundo, siendo galardonada con el Primer Premio Nacional de Cinematografiía de la temporada 1942-43. Huella de luz se estrenó en Madrid el 22 de marzo de 1943, en el Palacio de la Música; en ella actuaba, de nuevo, Antonio Casal, junto a Isabel de Pomés, Juan Espantaleón, Camino Garrigó, Maiy Delgado y Juan Calvo. Apesar de la labor de los censores, que eliminaron la deliciosa ocurrencia del país de «Straperlandia» (clara alusión alos florecientes negocios de contrabando de la época), la espléndida mezcla de comicidad, suspense y sentimentalismo de esta historia hicieron de Huella de luz una de las peliculas más miportantes de los anos 40.

En 1943, Antonio Román, otro importante director del cine de posguerra español, dirige cinta basada en Un cadáver en el comedor, novela corta de Fernández Flórez publicada en 1936 en la "Novela de Una Hora". El film contiene una original y compleja trama policíaca, adaptada al cine por él propio Antonio Román y por Pedro de Juan, con diálogos de Miguel Mihura. El desenlace, basado en el tema del cine dentro del cine, recogía una original rebelión de los actores contra el director, lo que resultaba muy novedoso en la pantalla española de la época; ello supuso una extraña sorpresa para los espectadores y fue quizá una de las causas de su fría acogida, lo que no impidió que lafelícula obtuviera un segundo premio en el Concurso Nacional de Cinematografía. Estrenada en Madrid, en el cine de la prensa, el 17 de mayo de 1943, contaba con actores como Julio Pená, Blanca de Silos, Manuel Morán, Guadalupe Muñoz Sampedro y Ramón Elias. A pesar del escaso éxito alcanzado, José Lozano Maneiro cuenta que tuvo un espectador de excepción, Luis Buñuel, quien la vio por casualidad en Estados Unidos, en un canal de habla hispana, y la consideró una «extraordinaria película española.

En ese mismo año de 1943, Antonio Román dirige una segunda película basada en una obra de Fernández Flórez, La casa de la lluvia, relato breve publicado en 1925. En ella, Wenceslao participa activamente elaborando los diálogos. La adaptación y el guión los llevan a cabo, como en Intriga, el propio director Antonio Román y Pedro de Juan, y en el reparto figuran Luis Hurtado, Carmen Viance, Blanca de Silos, Nicolás Díaz Perchicot, Rafaela Satorres y Luis Latorre. La casa de la lluvia fue estrenada en Madrid, en el cine de la Prensa, el 4 de octubre de 1943 y, al igual que ocurriera con intriga, fue galardonada con un segundo premio en el Concurso Nacional de Cinematografía. El proyecto había sido ambicioso, pero complicado, dada la dificultad para traducir en imágenes una novela escasamente cinematográfica en la que la atmósfera, la poeticidad, lo psicológico y lo moral se erigían en protagonistas. Por otra parte, hubo que limar varios elementos del relato original que hubieran resultado inadmisibles parala censura de la época, como el incesto, el suicidio, la crueldad con los animales (gallinas, en este caso) o el sutil erotismo de algunos pasajes de la obra. La película, pues, no alcanzó el nivel de perfección esperado, a pesar de la destreza de su director. Incluso Carlos Fernández Cuenca, benévolo casi siempre con el cine de Wenceslao, señala en ella fallos interpretativos considerables, «marcados ante todo por los tres personajes de mayor relieve, que no supieron o no pudieron expresar... el drama íntimo de sus sentimientos».

Terminadas las dos películas anteriores, Fernández Flórez escribe, a petición del director de las mismas, Antonio Román, un guión original, y, aunque sólo llegue a redactar el planteamiento de la trama, lo titula Bolsa negra. El tema giraba en torno a los refugiados de la Europa en guerra que, desde 1940, atravesaban nuestro país para embarcar hacia los puertos americanos; el escritor sazonaba la historia con su característico humor no exento de humanidad, dando pie a la consiguiente crítica social. El proyecto cinematográfico no pudo llevarse a cabo, porque quebró la productora Hércules Films que iba a realizarlo.

En 1944, Wenceslao emprende una nueva actividad en el mundo cinematográfico, que consiste en la elaboración de los diálogos en español para el doblaje de dos importantes películas producidas por Alexander Korda. Se trataba de una ardua tarea creativa, pues a la traducción de los diálogos había que añadir una exhaustiva preparación para el doblaje, siempre sujeto a un numero determinado de sílabas y de formas fonéticas, de manera que cada secuencia oral coincidiera con el movimiento de los labios del actor filmado en la lengua original de la película en cuestión. Fernández Flórez desarrollo con creatividad y destreza este complicado trabajo para e dos excelentes films, que se proyectarían en España en 1944 El libro de la selva, película inglesa de 1940, basada en la novela de Rudyard Kipling y dirigida por Zoltan Korda, y El ladrón de Bagdad, película norteamericana, también de 1940, dirigida por Ludwig Berger, Michael Powelly Tim Whelan. El nombre de Wenceslao Fernández Flórez no figuró en los carteles como responsable de los diálogos; se ignoran las causas de tan inexplicable omisión.1945-El-destino-se-disculpa-esp-02

Es evidente que, a mediados de la década de los 40, la obra de nuestro autor es fuente de inspiración de realizadores y guionistas, y que el propio escritor ocupa un espacio importante en eluniverso cinematográfico. En 1945-, José Luis Sáenz de Heredia, otro célebre director de la época, lo lleva a la gran pantalla. Fernández Flórez escribe el argumento y los diálogos de El destino se disculpa, basándose en su relato breve El fantasma, publicado en 1914 en LaNovela de Hoy. Del relato original sólo se conservó en la películala situación referida al pacto entre dos amigos que se comprometen, en caso de fallecimiento de uno de ellos, aprevenir al otro, desde el más allá, de los peligros que puedan acecharle en la vida. El destino se disculpa fue estrenada en Madrid, en el Palacio de la Música, el 29 de enero de 1945. El reparto contaba con actores como Rafael Durán, Fernando Fernán Gómez, María Esperanza Navarro, Milagros Leal, Manuel Morán, Mary Lamar o Nicolás Díaz Perchicot. Resultó una película extraordinarria de gran éxito y premiada en el Concurso Nacional de Cinematografía; en ella, la equilibrada dosis de ternura y carcajadas es el detonante de una divertida crítica social.

Fernández Flórez participa en Afan-Evu (subtitulada el bosque maldito), dirigida por José Neches, con la finalidad de mejorar el argumento y los diálogos gestados de antemano acerca de una situación ambientada en la colonia española de Guinea, A pesar de la originalidad y del interés que podía suscitar el argumento, y de la destreza de intérpretes como Alfredo Mayo, Conchita Tapia, Raúl Cancio, Juan Calvo, Nicolás Díaz Perchicot y José Frank, los resultados de esta película, estrenada en Madrid en el cine Gran Vía el 14 de diciembre de 1945, fueron lamentables.

En la primavera de 1948, Wenceslao escribe un argumento divertido y original en el que una mujer burlada se convierte en asesina, contando la historia de un crimen desde la inusitada óptica de la víctima. Dos títulos provisionales. La otra vertiente y El príncipe azul, recogían esta singular trama que nunca se llevó a la pantalla y que fue publicada en el volumen VI de las obras Completas de Aguilar,

Ricardo Gascón, un director discreto con resultados cinematográficos muy irregulares, dirige en 1949 Ha entrado un ladrón, basada en la novela homónima de Fernández Flórez, publicada en 1920. La adaptación, muy literal, dando cabida a una anticinematográfica voz en 0ff, no aportaba novedades que suscitaran el interés de la historia llevada al celuloide. Los contenidos satíricos de la obra original fueron edulcorados, y, aunque se mantuvo el fin trágico del protagonista, Jacinto Remesal, la película no consiguió provocar en el público los efectos y emociones que el director hubiera deseado, Ha entrado un ladrón, producida en Barcelona, se estreno en 1949, y en el reparto figuraban, entre otros, Roberto Font, Margaret Genske, Juny Orly, Pablo Bofíl, Antonio Bofarull y María Victoria Durá.

En 1950, Wenceslao elabora los diálogos para la adaptación cinematográfica de una obra de Pedro Antonio de Alarcón, otro de los autores favoritos del cine de la época. El capitán Veneno fue dirigida por Luis Marquina, que también realizó el guión técnico, y contó con dos actores de lujo en el papel de los protagonistas, Sara Montiel y Fernando Fernán Gómez. La película, estrenada en Madrid en I950, obtuvo un enorme éxito.

 

La consagración cinematográfica de Fernández Flórez continúa en la década de los años 50. Ha entrado de lleno en la máquina de sueños, las películas basadas en sus obras son bien acogidas por el público y los directores no dejan de acudir a ese filón, del que extraen, la mayoría de las veces, espléndidos efectos comerciales. Wenceslao no siempre participa activamente en la adaptación de sus relatos al lenguaje del celuloide, pero, en todo caso, asiste encantado al fenómeno cinematográfico de su obra, felicitandose en mayor o menor medida ante los resultados.

En 1951, Ignacio F. Iquino lleva a la gran pantalla El sistema Pelegrin, novela publicada dos años antes, en 1949. Fernández Flórez no colabora en los trabajos de guión, que corren a cargo del propio Ignacio. El sistema Telegrín, producida en Barcelona, se estrenó en 1951. Un excelente Fernando Fernán Gómez daba vida en esta película al profesor de gimnasia Héctor Pelegrín, un pobre diablo egoísta, enclenque y disparatado; en el reparto figuraba también una espléndida Isabel de Castro, junto a Sergio Orta, Manuel Monroy, Luis Pérez de León, Rafael Luis Calvo, Gerardo Esteban, Juan Calvo y José Ramón Giner.

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En I955, Fernando Fernán Gómez dirige una nueva versión de El malvado Carabel, que resultó mucho más fiel al espíritu de la novela y a las constantes de su creador que la película de 1935 dirigida por Edgar Neville. Sin embargo, en esta adaptación de Fernán Gómez los contenidos más provocativos del relato quedan bastante suavizados. La elaboración del guión corrió a cargo de Manuel Suárez Caso, y la película contó con el propio Fernán Gómez y María Luz Galicia como protagonistas.

En 1958, Rafael Gil lleva a la gran pantalla Luz deluna:, una de los primeras novelas cortas de Fernández Flórez, publicada en 1914.. El propio autor colabora directamente, en esta ocasión, en los trabajos de adaptación al cine, actualizando la intriga, transformando el final del relato original y ofreciendo un nuevo título para la película: Camarote de lujo. Estrenada en Madrid en 1958, fue bien recibida por el público y por la crítica, pero no obtuvo el éxito esperado. Antonio Casal, que había encarnado en varias ocasiones a personajes de Wenceslao, dio vida a su protagonista, siendo éste su ultimo trabajo cinematográfico con el escritor coruñés; junto a Casal, trabajaban actores y actrices de la talla de María Mahor, Manolo Morán, Fernando Sancho, Carmen Esbri, José Marco Davo, Mercedes Muñoz Sampedro, Rafael Bardem y María Isabel Pallarés, entre otros.Los-que-no-fuimos-a-la-guerra

Al iniciarse la década de los 60, Julio Diamante, un joven director, perteneciente a una nueva generación cinematográfica, se interesa por la obra de Wenceslao Fernández Flórez y realiza, en 1961, una versión Los que no fuimos ala guerra, película basada en la novela homónima publicada en 1930. Estrenada en Madrid en 1962, es la ópera prima de Julio Diamante como director de largometrajes. En el excelente reparto figuraban nombres tan conocidos y recordados como Agustín González, Laura Valenzuela, José Isbert, Juanjo Menéndez, Julia Caba Alba, Ismael Merlo, Gracita Morales y Félix Fernández. El sentido del humor de Wenceslao presidía la cinta, de la que emanaba una gran humanidad, pero el antimilitarismo y el antibelicismo presentes en el relato original de 1930 sembraron las sospechas en los agentes de la censura, que obligaron al director a titularla Cuando estallo la paz, con indudable sabor a novela de José María Gironella, como apunta José Lozano Maneiro.

Cuando, el 19 de abril de 1964 muere Wenceslao Fernández Flórez, no sólo no desaparece con él el interés de los directores por llevar sus obras a la gran pantalla, sino que, además, llegarán a puerto antiguos proyectos cinematográficos que habían quedado sin desarrollar en vida del escritor.

En 1948, se habían esbozado dos proyectos para el celuloide: uno, el de Rafael Gil, que deseaba adaptar para el cine la novela que consagró a Fernández Flórez como escritor, Volvoreta, publicada en 1917; y otro, el de José Luis Sáenz de Heredia, que pensaba realizar Por qué te engaña tu marido, novela corta publicada en 1925' en La Novela de Noche, Pero habrían de pasar muchos años hasta que, después de la muerte del escritor, nuevos directores trasladaran a la gran pantalla estas dos obras.

Manuel Summers dirigió en 1968 Tor qué te engaña tu marido, película que, partiendo del espíritu jocoso de Fernández Flórez, reflejaba, en todo caso, un humor ingenuo, pero perteneciente a una nuera generación y que podríamos denominar como la carcajada prototípica de los 70. Estrenada en Madrid en 1969, con guión del propio Summers, en el reparto figuraban célebres actores muy admirados por el público, como el gran Alfredo Landa, Laly Soldevilla, Esperanza Roy, Ingrid Garbo, Patt Shepard, José Luis CoU y Emilio Laguna.   

En 1970, Rafael Gil realizó un remake de El hombre que se quiso matar, una película con la que se había iniciado en el mundo de la dirección cinematográfica en 1942. En esta nueva versión, estrenada en 1971, aparecía Tony Leblanc, interpretando al protagonista de la historia, acompañado por Antonio Garisa, Elisa Ramírez, Rafael Alonso, Emma Cohén, Aurora Redondo, José Sacristán, Milagros Leal y Julia Caba Alba. Los actores, espléndidamente dirigidos, eran excelentes y muy populares, pero la acogida del público no tuvo nada que ver con el entusiasmo mostrado por los espectadores de 1942.

En 1974, José María Font estrena Un error judicial, película basada en la novela corta del mismo título, publicada en 1927 en La Novela de Hoy, Y, en 1976, veintiocho años después, se cumple el antiguo sueño de Rafael Gil de llevar al celuloide la célebre novela Vólvoreta, aunque no es él, precisamente, quien dirige la película, sino José Antonio Nieves Conde. Volvoreta presenta un reparto de actores entre los que figura la famosísima, por aquel entonces, Amparo Muñoz, acompañada de Antonio Mayans, Mónica Randall y Luis Várela. El resultado no fue muy halagüeño, puesto que a una dirección e interpretación que no rozaban la excelencia, se unió el hecho circunstancial de que al público le resultara un tanto obsoleto el contenido de la historia, debido a que el país se encaminaba lentamente hacia la renovación política y social de los años 8o.

Se diría, pues, que la presencia de Wenceslao Fernández Flórez en el cine comenzaba su declive y que, tras cincuenta años de asiduidad en la gran pantalla, dejaba de interesar. Sin embargo, casi paralelamente a esa supuesta decadencia, un año antes de Vovoreta aparece, en 1975, un nuevo trabajo cinematográfico, basado en su magnífica novela El bosque animado, publicada en 1943. Se trata de Fendetestas, un excelente cortometraje que toma su título de uno de los personajes de la novela. Fue dirigido por Antonio F. Simón, con guión del mismo director y de Miguel Gato. Producida en Orense, esta creación cinematográfica se inserta en la búsqueda de una cultura de expresión propia, en este caso, la de Galicia, siendo pionera de la naciente cinematografía gallega.

En 1987, Wenceslao regresa a la gran pantalla, de nuevo con su obra imperecedera, El bosque animado. El maestro Rafael Azcona lleva a cabo las labores de adaptación cinematográfica y José Luis Cuerda dirige la cinta. Los entrañables personajes de la historia son encarnados por un extraordinario Alfredo Landa —en el papel de Fendetestas— y por el desaparecido Fernando Rey -en el papel de Señor D'Abondo- Junto a Encarna Paso, Fernando Valverde, Alejandra Grepi, Miguel Rellán, Alicia Hermida, Amparo Baró, María Isbert, Luma Gómez, Laura Cisneros y José Esteban, Jr. La película, estrenada en Madrid, en 1987, tuvo una buena acogida por parte de la crítica y un notable éxito de taquilla. El excelente trabajo de dirección, la espléndida interpretación de los actores, la belleza de los escenarios, la ternura de los personajes y la fineza irónica de los diálogos hacen de ella un film inolvidable. 

Y, en 2001, la firma gallega Dygra Films produce El bosque animado en formato de película de animación 3D por ordenador, dirigida por Manolo Gómez y Ángel de la Cruz. El jurado de los Premios Goya de 2oo1 no pudo resistirse al encanto de los tiernos y originales dibujos que, sobre un sugerente fondo musical, daban vida a los personajes de la novela y la acercaban al mundo de los niños. La cinta fue galardonada, en su categoría de animación, con dos Premios Goya: a la mejor película de animación y a la mejor canción original.

Setenta y tres años jalonan la presencia de la obra de Wenceslao Fernández Flórez en el cine. El balance habla por si mismo. El gran historiador cinematográfico Carlos Fernández Cuenca ya lo anticipó en 1948; «De pocos escritores, incluso extranjeros, se puede enumerar tan variada y preciosa sucesión de servicios al mundo de la pantalla.»